29/9/11

Dio La Vuelta Al Mundo A Pie


La vuelta al mundo a pie en once años: un cincuentenario canadiense está por culminar el inédito periplo que inició para olvidar una depresión, y regresa radiante de felicidad.

Alto, delgado, y con una barba gris de tres días que enmarca una amplia sonrisa, Jean Béliveau da grandes zancadas detrás de un carrito con una bandera canadiense, donde carga su bolsa de dormir y alguna ropa.

Atraviesa Kingston, a orillas del lago Ontario, una de las últimas etapas antes de llegar a Ottawa y Montreal, desde donde partió hace once años y donde es esperado el 16 de octubre. Allí se encontrará con su compañera Luce, que lo apoyó a lo largo de su extraordinaria aventura.

Jean dejó esa ciudad el 18 de agosto de 2000, el día que cumplió 45 años y tras la quiebra de su pequeña empresa de carteles luminosos. El amateur del jogging, decidió dar la vuelta al mundo para enfrentar ese fracaso.

Jean Béliveau corrió hasta Atlanta, en el sur de Estados Unidos, y luego tomó un ritmo más lento para lo que al parecer es la marcha ininterrumpida más larga alrededor del mundo: más de 75.000 km a través de 64 países.

Mientras tanto, Luce lo alienta a inscribir su proyecto en el marco del decenio de la Unesco 2000-2010 por la no violencia y para el futuro de los niños del mundo.

En once años, atravesó desiertos y montañas; se enamoró de México por nueve días; lució turbante y una larga barba en Sudán; comió insectos en África, perro en Corea y serpiente en China; y fue escoltado por soldados en Filipinas.

“Después del alimento y el techo, el hombre necesita un sentido de pertenencia”, comenta hoy Jean.

Desde luego que durmió bajo puentes, en refugios para indigentes, incluso en prisiones, pero a menudo fue invitado a dormir y comer en casa de personas seducidas por su aventura.

Partió con 4.000 dólares y nunca tuvo patrocinadores, y esa es la suma que aproximadamente gastó cada año, gracias a su compañera, con la que se comunicaba con freceuncia por Skype
.

Hoy no tiene dinero pero se siente enriquecido. “Me fui vacío, pero regreso con bagaje intelectual”, dice este “librepensador”.

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